
Dos cuerpos juntos, como muertos, mirando el cielo, pero a miles de kilómetros pensado en otros cuerpos. No se mueven, no se miran. Pero sus codos chocan y el aire de sus respiraciones se mezcla. Se escucha alguna canción de Calamaro, Fito Paez, hasta Arjona. Ojos que de vez en cuando se aprietan o se abren más y no pestañean, ojos que dependen del verso. Se cierran y no se abren.
Sueñan. Y se encuentran juntos en cuerpo y alma sin desear más que lo que tienen en frente. Se miran y son extraños que exploran lunares y satélites, universos personales. Interpretan personajes: yo seré la sucia y tu el loco. Y jugaremos a querernos tal y como somos. Y si cerramos la puerta, la noche se hará lenta. Las heridas no se harán presentes, el dolor será un mal sabor que no tendremos en la mesa. Mantén la puerta cerrada, no vaya a ser que algún intruso que conoce el camino, regrese. Y tú despiertes. Te veas cerca pero lejos, pensando a miles de quilómetros de este codo huesudo.