lunes, 13 de julio de 2009

A ti


Y ahora te quejas de las no- lágrimas, esas que huyen, viajan lejos y se hacen ríos. Y te dices, si ya no hay más lágrimas ¿para qué empezar las clases de natación? Ahogarse ya no es una posibilidad. Mejor quitarlo de la agenda imaginaria. Y ponerlo en la lista de lo que no aprendimos.

No aprendimos, a manejar bicicleta con soltura, siempre quedó el miedo cuando los carros pasaban cerca. No aprendimos, a posar para las fotos, siempre salimos disforzadas. No aprendimos, a mirarnos en las vitrinas de las tiendas, por eso añadimos un saludo con sonrisa de niña. No aprendimos, a dormir con la televisión prendida, no se siente compañía. No aprendimos, a sonreír de manera estética mostrando lo mejor de nuestros dientes. No aprendimos, a levantar la mano con naturalidad para opinar en alguna clase o congreso.

Sin embargo, las lágrimas que se convierten en ríos viajan al mar y conocen nuevas tierras, climas, gentes y sonidos; no nacen en vano, ellas hacen de los paisajes paraísos de luces con formas, imágenes cálidas y secretas de belleza verdadera, dibujos del alma filtradas al ojo. Con estas formas tan mías yo me quedo. A ellas regreso, de ellas aprendo. Y de ellas no me olvido.


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