Desperté con la sensación de haber soñado contigo, un ser que aún no conozco ni quiero conocer. La sensación de asco es tan insoportable como el mismo calor; más bien es el sudor el que me asfixia. La sola idea de saber que cosas extrañas podrían pasar en este ya de por si raro cuerpo de mujer, me hace quebrarme en dos.
Felizmente no me gusta vomitar porque sino ya hubiera devuelto los piqueos y el alcohol de anoche. De todas las cosas que soñé ser de grande cuando fui niña lo único que nunca quise, fue ser madre. Los senos me duelen, y tengo un sabor a bilis en la boca. Mis manos huelen a cigarro, y me gusta. Siempre me ha gustado como el olor se impregna sin pedir permiso. Esta es una de las pocas concesiones que hago por no controlarlo todo.
Siento las piernas pesadas, y cierta picazón recorre todo mi cuerpo. Cuando recién me crecían los senos y pasaba por el proceso de convertirme en mujer, tenía una comezón insoportable en mis tetitas de niña. En esa época fui una de las primeras en usar formador. Y mi madre me recordó la primera vez que compramos uno, que de bebe era como una mujercita en miniatura; escucharla decir eso no me causo ningún tipo de orgullo. Las mujeres que conocía no eran ni de lejos mi modelo a seguir, más bien quería ser un hombre más en mi familia. Nunca fui que digamos muy femenina, hasta que descubrí los beneficios. Alguna vez alguna amiga inteligente y respetable, me hablo del poder del escote, con el tiempo este y otros consejos se han vuelto parte de mi filosofía. Admiro a la mujer más que nada por el don de soportar, y es que además puede hacerlo con una sonrisa mueca.
No hay comentarios:
Publicar un comentario